Entrevista

Los 50 de Daniel F

“Leusemia creó una escena, un espacio para los jóvenes”
Entrevista de Perú21 (04/01/11)

Daniel F cumple hoy 50 años, una edad que no esperaba alcanzar. Y los cumple feliz gracias al cariño de sus fans (dentro de los que me incluyo). ¿La celebración? Este 15 de enero, en el Parque de la Exposición, donde presenta Hospicios, su ópera-rock.
Autor: Gonzalo Pajares Cruzado

“La Unidad Vecinal #3 representa no solo un espacio sino la fuente de mi trabajo. Si no fuera músico sería un escritor dedicado a contar las historias de la Unidad”, nos dice Daniel F, fundador de Leusemia, la emblemática banda subte de los 80. Con 30 años como músico, hoy celebra 50 años de vida.

No tomas alcohol ni usas drogas. Tampoco fuiste un palomilla…
Los Valdivia éramos tranquilos. Esto me hacía sentir un poco fuera de sitio, pues me parecía extraño que no tuviera ganas de hacer huevadas: regresaba temprano a mi casa y me ponía a leer, sobre todo historia. Pregúntame lo que quieras de la Guerra con Chile y te respondo todito. Y estar informado ha hecho que le tenga mucho cariño a Chile y a su gente. Es más, mi ídolo es un chileno: Fernando Ubiergo.

¿Acabaste el colegio o decir que “no” es pura pose?
Me quedé en cuarto año. En la primaria fui un buen alumno, la secundaria no me interesó. Pasaba más tiempo en la biblioteca. Y, en ese momento, llegó la música. Comencé a devorar ensayos acerca de la música como fenómeno cultural, industrial. He leído de músicos antes de escucharlos. Por ejemplo, supe de Iggy Pop, de Alice Cooper, de Velvet Underground antes de oírlos; y tenía que alucinar cómo era su música. Me enganché, pues despertaba mi imaginación. Allí empecé a componer, y de memoria pues no sabía tocar nada: tenía 14 años. Imaginaba la guitarra, la batería, ponía la letra. Cuando aprendí a tocar la guitarra –en los 80– saqué mis canciones y descubrí que solo tenían uno o dos acordes, una música minimalista, algo que después llamaron punk.

A algunos les molesta tu actitud de no creerte las cosas, de pensar, por ejemplo, a Leusemia en chiquito. ¿No sientes que si hubieras pensado a Leusemia en grande hoy serían una banda no solo buena sino masiva?
Tuvimos la oportunidad de ser más conocidos, pero no teníamos los elementos para llegar a ese público. Éramos cuatro tipos que subíamos al escenario y tocábamos nuestras canciones malamente. Nos faltaba mucho, no nos sentíamos grandes ni nada. Nos faltó creérnosla. Hasta hoy, yo no me siento capaz de lograr cosas grandes. Por eso, antes que “líder”, me gusta más el término de “no líder”.

Vives de la música…
Sí, hace algo más de diez años. Al inicio me parecía algo irrealizable, asombroso. A finales de los 90 empezó a irnos bien y no hemos parado. Hoy, gracias a la generosidad de la gente tengo más ofertas de chamba que las que puedo cubrir.

Yo creo que nunca estás de moda, pero siempre estás vigente…
(Ríe). ¡Qué bueno! Me he propuesto nunca hacer covers de mí mismo. No pretendo ser un músico residual; vivir de los pergaminos me parece bien ocioso y desconsiderado para la gente que me escucha y que siempre espera más cosas. Todo el tiempo trato de hacer mejores canciones; mi reto es hacer que el siguiente disco sea mejor que el anterior. Esta chamba es bastante cruel pues hasta de Bob Dylan y Pete Townshend (The Who) se dice que hacen discos malos.

Muchas veces es la gente quien exige que sus ídolos se queden en el pasado, que toquen las mismas canciones de siempre…
Para que una canción sea un himno, tiene que componerse y tocarse. Si yo fuera conformista y me hubiese quedado satisfecho con lo que hice en los 80 no existirían canciones como Al colegio no voy más, El asesino de la ilusión, La karakola subterránea, Memorias, Distancias. Es inevitable, yo tengo que estar siempre creando.

¿Leusemia existe?
Existe como nombre y como proyecto… y alrededor de mí. Mi nombre y el de Leusemia van a estar unidos para siempre, y no me molesta. Cuando toco con otros músicos, ¡suena a Leusemia!, qué puedo hacer.

¿Qué le dio Leusemia al rock peruano?
Un circuito donde los jóvenes puedan desenvolverse, tocar; una escena que estaba prohibida y que solo tenía la gente que salía en la tele o que sabía tocar muy bien. Los subtes se tiraron toda abajo y se convirtió en un semillero, haciendo que la creatividad no se detenga, que los chicos asuman su papel de jóvenes, que se sientan bien consigo mismo y con su trabajo y que la música no muera.

Admiro esa capacidad que tienes para ser fan…
El afecto no hay que esconderlo. Cuando la gente dice cosas lindas sobre mí es bacán. Me entusiasma saber que hay gente capaz de expresar sus emociones, sobre todo en un mundo donde tildar de “sobón”, “interesado”, “vendido” o “adulador” a alguien es muy fácil. Por ejemplo, he tocado con Gianmarco porque creo que es un buen compositor; lo mismo pienso de Manolo Barrios, de Miguel Ángel Vidal, de Rafo Ráez.

Estás muy enganchado con Internet, con Facebook. Si cancelo tu cuenta, ¿qué harías?
Me abro otra (risas). Internet es una bendición, me ha dado la felicidad de encontrar gente que me escucha en todos los lugares del planeta. Es bacán saber que le has cambiado la vida –y para bien–a alguien.

¿Esperabas llegar a los 50?
No esperaba llegar ni a los 30. Y por esas cosas de la vida estoy bien de salud, tengo trabajo y estoy enamorado. ¿Un Danielito? Esperemos que no (risas).